¡Hoy Gano Yo!

 

SUENA el despertador, y mi mujer tras una dura noche, cansada y abatida consigue subir la roñosa persiana del dormitorio, se recoge el moño y con delicados pasos se introduce en la ducha, abre el grifo y escucho el sonoro chorro de agua de fondo.

Arañando unos segundos más de la suave y calentita almohada, enseguida me doy cuenta de que un penetrante rayo  que ahora se cuela por la antigua ventana de madera, me está cegando y en pocos minutos conseguirá sacarme del dulce sueño en el que estaba sumergido. Evitándolo me volteo sobre mi dolorida espalda y con dificultad diviso por casualidad la esquina de un viejo sobre tras la cómoda. Me propongo alcanzarlo, pero todavía somnoliento y torpe golpeo la esquina del cajón y me caigo de la cama.

¡Mierda! Otra vez soy la victima de la pereza; – Exclamo en voz alta- cuando me doy cuenta de que el sobre había desaparecido delante de mis narices.

En un par de vistazos vuelvo a localizarlo escondido tras las viejas zapatillas de correr de suela gastada y cordones llamativos; unas adidas ultraboost que me había recomendado mi nuevo e ilusionante entrenador de Runss. Con el sobre en la mano y decidido a descubrir que contiene, lo abro con el máximo de los cuidados intentando evitar así el ruido del fino papel.

Finas letras, con bellos y estilizados rasgos característicos de mi mujer me sorprenden al leer el título.

CANCER

Querida enfermedad del cáncer  soy tu huésped, soy la persona que te está alimentando y también soy la persona a la que has decidido hacer daño; la misma a la que quieres arrebatar la vida.

Siento decirte que en tu inoportuna decisión, no has tenido en cuenta lo más importante y es la fuerza de mi alma.

Alma forjada en cientos de pequeñas batallas que hasta ahora no fueron relevantes para mí pero que hoy las encuentro más útiles que nunca. Mini combates que siempre gane como el simple hecho de levantarme una hora antes para realizar las tareas de casa, como nunca darme por vencida en la defensa de mis seres queridos o en la ayuda incansable a mis mejores amigos, como tantos y tantos días que aguante bajo la tormentosa lluvia para recoger, traer, llevar o acompañar a mis hijos en sus incesables y necesarias tareas diarias…

Voluntad guerrera que se encuentra arraigada en lo más profundo de mí ser.

Sensación de fuerza  que no sabía que tenía y que se asemeja a la capacidad que los corredores y  runners más valientes pueden llegar a experimentar tras luchar contra su cuerpo, contra el cansancio, contra un límite desconocido en el que el segundero de los relojes marcan la batuta de la victoria o la derrota.

Pues bien; quería comunicarte que hace mucho tiempo que he decidido plantarte cara y lo voy a hacer de todas las formas posibles porque “Hoy gano yo”.

Hoy es el día que reúno toda la fuerza y voluntad que tengo,  y junto a mi familia y mis seres queridos doy un paso al frente y decido hacerte frente, ¡voy a dejarte KO!

Médicos, tratamientos… serán las herramientas que me ayuden a conseguirlo, pero tú eres mío; eres mi mejor enemigo y vas a desear largarte por la puerta de atrás para no volver nunca porque me voy a convertir en tu peor pesadilla.

Después de acabar contigo, te daré las gracias, porque vas a ser mi conejillo de indias. Voy a aprender a disfrutar de la vida que me queda, ya sea poca o mucha; y en el camino  voy a dedicarme a conocer que es lo que de verdad importa, quienes son las personas que merecen la pena, cómo voy a dedicarles mi tiempo y de qué manera voy a expresarles y demostrarles mi cariño.

Te tengo que dar las gracias por regalarme una nueva oportunidad y ofrecerme un nuevo prisma con el que observar y saborear cada minuto de luz.

Minutos que lejos de medirse en tiempo, se miden en momentos. Aquellos dulces instantes con mis amigos, con mi familia e incluso con el desgarbado fruter@ que apenas me conoce pero que siempre me ofrece la mejor de sus sonrisas intentando descubrir quién soy, alegrándome el día y envolviéndome en un mundo más bonito de dulces melocotones y coloridas fresas.

Soy una tonelada de sentimientos y sensaciones; buenas y malas que necesito descargar, transmitir, olvidar y resetear; por ello los plasmo en esta carta que un día será leída por alguien y extraerá lo mejor de ella.

Siento que he desaprovechado mi tiempo, que no he dicho todo lo que tenía que decir, que no he amado todo lo que tenía que amar.

No quiero que me olviden, no quiero sentirme enferma y ver cómo me tienen que ayudar mientras mis fuerzas disminuyen. Ver que mi símbolo de juventud; ese largo y esbelto cabello va desapareciendo y no puedo hacer nada.

Tengo que mantenerme fuerte por los demás, para que ellos no sufran, sin embargo me veo en una encrucijada ya que en realidad esas fuerzas las necesito para mí.

Tengo que luchar, porque la muerte que antes era solo una palabra, ahora se ha convertido en REAL para mí.

Tengo miedo a que me traten con condescendencia haciéndome sentir inútil cuando antes yo era esa persona fuerte que ayudaba y empujaba por los demás.

Tengo miedo a no vivir más.

Por todo esto, debo luchar una dura batalla contra un rival muy fuerte, que no sé si será la última pero será como yo decida, será a mi manera y las reglas ¡las pongo yo!

  1. Luchare con dignidad.
  2. Voy a dejar que me quieran.
  3. Me apuntare a un grupo de apoyo para compartir con otros enfermos mi experiencia y abordarla de la mejor manera posible.
  4. Intentare desdramatizar la situación y vivirla como algo normal que puede pasar.
  5. Transmitiré a mis amigos y seres queridos que es lo que necesito de ellos y les contare que la mejor ayuda es su compañía “como en los viejos tiempos” aunque no sepan que decirme.
  6. Callare o expresare lo que siento cuando lo necesite.
  7. Disfrutare cada momento.
  8. El optimismo será el eje de mis decisiones.
  9. Nunca me daré por vencida.

Estoy segura de que tras el camino que pretendo recorrer hay una valiosa lección de vida que ojala sepa transmitir al mundo para poder aportar así mi granito de arena ante el aparente CAOS que estoy viviendo, que muchas habrán vivido y que otras tantas tendrán que vivir.

Compungido, emocionado y con el corazón algo tocado tras leer la carta, me levanto de la cama algo tembloroso pero con más fuerza que nunca, miro mis viejas zapatillas y “NOS” inscribo en la carrera contra el cáncer que se disputa en mi ciudad (San Sebastián).

Circuito precioso en el que 7km de buenas vistas nos acompañan; con salida y llegada en la plaza de la constitución donde se ven a cientos de corredores algunos más entrenados que otros pero igual de felices arrejuntarse por un fin común, los enfermos del cáncer.

Este primer año la correré por los dos al igual que otras tantas cosas que hare por ella y para ella, demostrándole que estoy ahí para lo que necesite y que aunque correr nunca haya sido lo mío, por ella soy capaz de viajar al fin del mundo o introducirme en la cloaca más olorosa y repugnante que pueda existir si con ello cabría la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

El año que viene estoy convencido de que será diferente y que en esta lucha común en la que corremos juntos, ¡venceremos! Celebrándolo como equipo y corriendo juntos en esta apasionante carrera del cáncer, terminando de la mano, viviendo el presente y soñando por nuestro futuro.

Ahora, después del subidón, empiezan a recorrer por mi delgado y fibroso cuerpo los sentimientos que muchas veces oculto. Sensaciones que llevo en mi interior como una bomba a punto de estallar.

Para mí, esto es algo desconocido que nunca imagine; invadiéndome una sensación de miedo indescriptible y difícilmente gestionable.

Intento aprender a llevarlo lo mejor posible para  conseguir ayudar a mi mujer por lo menos psicológicamente, mientras me pregunto ¿porque le pasan estas cosas a la gente buena?.

No sé cómo actuar pero lo que tengo claro es que a mi mujer no le va a faltar de nada, voy a ser el pilar de la familia, esa persona que te imaginas resistiendo ante cualquier adversidad con una “Jodida” sonrisa en la boca y que se lleva por delante todas las dificultades que se te puedan imaginar. Voy a ser un héroe de capa en la espalda y conseguiré controlar mis emociones para que lo que nos quede juntos, sea un bello camino al infinito.

Al enterarme fue un susto muy grande; un mal capitulo que no olvidaré pero del que he aprendido mucho y ahora, aunque tengo mucho miedo sé que vamos en la dirección adecuada y nuestro destino será el que toque, pero nuestro camino será inolvidable.

Soy feliz con lo que tengo y el futuro me da un poco igual. Hoy correré por miles de enfermos, entre ellos mi mujer, y tras la carrera saboreare junto al amor de mi vida una refrescante cerveza en la bella parte vieja donostiarra.

Suerte para todos esos héroes y heroínas que hoy se vestirán la camiseta de Runnerss (Corran o no corran) y que cada día ayudan de forma anónima a tantas personas como mi mujer.

¡Os queremos!