MI PRIMERA MARATÓN: ZURICH MARATÓ BARCELONA

Me imagino que será bonito leer este texto dentro de un tiempo, y espero que también pueda valer
como una breve introducción para quien se plantee algún día vivir esta inolvidable experiencia.


LA DECISIÓN
Noviembre de 2018, la idea ya me rondaba por la cabeza, pero me dije que tomaría la decisión
después de correr la Behobia-San Sebastián. Llevaba ya más de dos años corriendo con cierta
disciplina y sin parones largos que luego tanto cuesta recuperar. Me veía maratones en ‘youtube’
(¡menudo ‘freak’!), y aunque nunca parece el momento perfecto, y sabiendo que quizás debería
esperar a mejorar mis ritmos, me dije: “¿y por qué no?”. Invierno es la temporada más tranquila en
mi trabajo, y me costaría menos encajar los entrenamientos en mi agenda.


Además, al ser la primera maratón, tenía dos sencillos objetivos, acabarla y disfrutarla. Bueno, y un
tercero más caprichoso, llegar a meta en menos de 4 horas.


Así que unos días después de la B/SS, le dije a Alberto que quería correr una maratón, la de
Barcelona, que era a mediados de marzo, y me venía perfecto para poder completar el
entrenamiento necesario. A su pregunta de qué me motivaba a ello, contesté: “Porque me apetece.
Quiero vivir la experiencia”.


EL ENTRENAMIENTO
Ha sido casi tan bonito como la misma maratón, para mí era tan importante la experiencia del
entrenamiento como de la misma carrera. No ha sido fácil en algunos casos meter más días de
entrenamiento cuando tienes un trabajo que te lleva bastante tiempo y una familia que a la que no
quieres dejar de dedicar tiempo ninguno. Más o menos se ha conseguido, aunque he de decir que
algún entrenamiento me he saltado, pero creo que he sido un alumno bastante disciplinado.


Me he dado cuenta de lo necesario que es hacer todas las semanas un día de series, otro de fuerza, y
otro de tirada larga (el resto para pulir detalles, para que no se escape nada). Y sí que he notado lo
importante que es bajar una marcha 2-3 semanas antes de la maratón.


Nunca olvidaré el primer domingo que me tocó hacer 21km en entrenamiento. 8:00 de la mañana.
Solo. Una helada de campeonato. La escarcha congelada y un paisaje blanco. Sin duda el
entrenamiento más bonito que he tenido en mi vida.


Se puede decir que desde navidades hasta la maratón de marzo he corrido una 1⁄2 maratón (y a veces
más) cada domingo. Ha sido una pasada, aunque cada semana se ha resentido un músculo
direfente.“¿Qué músculo se me rebelará hoy?”, pensaba antes de empezar.


He tenido que saltarme algún entrenamiento por sobrecarga o algún catarrazo, pero todas las
semanas he podido hacer buena parte del entrenamiento programado.


LOS DIAS ANTERIORES A LA CARRERA
¡Pasta y Pizza! Lo importante era llegar listo y fresco a la linea de salida (¡y cargado de hidratos!).


Me fui a Barcelona 3 días antes con mi mujer y mi hija. Yo procuraba estirar algo todos los días y
no cargarme demasiado en los paseos por la ciudad.


La noche anterior no dormí apenas, sentía que ya tenía el cuerpo activado y me costó más de lo
esperado conciliar el sueño. Nunca había corrido más de 28 km, el día que iba para 30 km tuve que
parar por un calambre. Así que no tenía ni idea de lo que podía pasar a partir del km 30. No paraba
de imaginarme esa situación, y llegado a este punto solo quería empezar la maratón para ver cómo
sería. Me moría de ganas de empezar.


LA MARATÓN
Un buen madrugón, un desayuno sin hambre y ¡hacia la salida! Corrí muy poco en el calentamiento,
sobre todo ejercicios de movilidad y algún estiramiento suave.


Con Montserrat Caballé y Freddie Mercury cantando “Barcelooonaaaaa….”, pasé la línea de salida
con la carne de gallina. Momentazo.


Fui ‘reservón’ desde el km 0. Mirando el ritmo todo el rato para no acelerarme ni una pizca y tener
que pagarlo después en el km 35. Hasta el km 21 fui con ese pensamiento, vigilando que las
pulsaciones fuesen bajas y procurando no gastar nada de energía en balde. A partir de la 1⁄2 maratón
dejé de mirar las pulsaciones y me centré únicamente en mantener el ritmo.


Alimentación en carrera: 1 hidro-gel cada 9 km (4 en total) y una pastilla de sales por hora (y un
trago de agua cada 2,5 km, indispensable). Extra: sendos besos a mi mujer y mi hija en los km 14 y
28.


Ahora sí puedo decir que corroboro al 100% la siguiente frase popular sobre la maratón (resumida):
“Hasta el km 30 con las piernas, los 10 siguientes con la cabeza, y los 2 últimos con el alma”. Pues
exactamente así fue. Por suerte no tuve ningún susto en forma de calambre o tirón repentino, esto
era para mí lo más temido. Las piernas se me iban cargando a partir del km 20, pero de un modo


muy progresivo, y lo pude ir gestionando con la mente fría todo el rato. A partir del km 34 tenía las
piernas bien cargadas, pero nada que me impidiese mantener el ritmo.
Cada cierto tiempo, cuando pegaba una suave brisa y no tenía malas sensaciones en el cuerpo, se
me ponía de nuevo la carne de gallina, y me daba cuenta de que realmente estaba disfrutando de la
carrera. Sorprende ver la seriedad y la concentración que llevábamos todos, signo de que es una
distancia respetable y que nadie tiene al principio la certeza clara de que va a llegar a meta. Esto es
sin duda un rasgo que diferencia a la maratón de otras distancias más cortas.


En el km 37-38 tuve la sensación de una carga considerable (¿el Muro?), pero saber que estaba a
menos de 5 km para meta quitaba gravedad a la situación. Pasado el km 40 me olvidé de todo, pude
‘apretar’ un poco y hacer los dos últimos kilómetros adelantando a gente.


Rebasé la meta después de 42.195m corriendo sin parar en ningún momento (ni en los
avituallamientos) en un tiempo de 3h54’40”. Entré sonriendo pero me costó creérmelo algún minuto
más. Aparte de tener las piernas como un ‘playmobil’, la sensación de fatiga en el cuerpo no era
grande. Pensándolo ahora, diría que podría haber bajado unos minutos, pero esto me da
exactamente igual, con acabar y haber podido bajar de 4 horas ya es más que suficiente.


Sin sensación de fatiga y feliz, tuve unas agujetas que me duraron 3 días, pero sin ninguna lesión
que me impidiese volver a correr unos pocos días después.

DESPUÉS DE LA CARRERA
Sin duda, todo ha merecido la pena, y creo que también lo hubiera merecido si no hubiese
conseguido llegar a meta. Dicen que engancha pero ahora mismo solo deseo correr tranquilamente y
como “pollo sin cabeza” (sin ningún objetivo, quiero decir). Pero eso sí, tengo una sensación de
tranquilidad y de deseo cumplido en el cuerpo indescriptible. Claramente, esta experiencia es de
esas que nos engancha un poco más a la vida.